TAREA 1


ACTIVIDAD 1ª


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En esta gráfica se muestra el crecimiento de la población británica desde mediados del siglo XVI hasta principios del siglo XX. Lo primero que podemos apreciar, sin conocer los datos exactos ni los motivos específicos de esta evolución (que más adelante serán mostrados como comparación) es que, en este período de tiempo, ha ocurrido un aumento espectacular de la población, así como intervalos de descenso y paralización del crecimiento.
Esto se aprecia a simple vista: en 1541, la población no alcanzaba los 3 millones de personas. Hubo un incremento desde 1551 hasta un siglo después, 1651, bastante notorio, que resultó en que en este año la población casi había doblado los números de un siglo atrás. A continuación, el crecimiento se ralentizó gravemente y hasta descendió el número de personas desde 1651 hasta 1701.
A partir de 1751, sin embargo, el aumento sufrió una aceleración dramática, llevando la población a niveles jamás alcanzados hasta entonces; al inicio del siglo XIX, la población era ya de 10 millones de personas, y al comenzar el siglo XX había llegado hasta los 20 millones.

Ahora veamos la tabla, y saquemos conclusiones, junto a nuestros propios conocimientos, de por qué esto ha sucedido como aquí se muestra.

Esta tabla nos indica las causas de mortalidad en la época inmediatamente posterior a la que indica la gráfica, así como partes de su final. En primer lugar, observamos que la tasa de mortalidad ha sufrido un brusco y acusado descenso, correspondiente al crecimiento reflejado en la gráfica superior. En el período de 1848-54, que coincide con el mayor aumento del crecimiento, la mortalidad está descendiendo con respecto a lo sucedido en las épocas anteriores. Precisamente es esto lo que provoca el crecimiento. Ahora bien, hay más factores que ayudan al crecimiento y, por supuesto, hay una serie de factores que efectúan este descenso de la tasa de mortalidad.

Veamos, en primer lugar, qué es lo que hace descender esta tasa de mortalidad.

En 1848-54 nos encontramos en plena Revolución Industrial, que ha conllevado las siguientes Revoluciones (y las ha provocado): una Revolución Agraria, puesto que las mejoras técnicas en la agricultura y ganadería (sistema Norfolk, cercados, nueva maquinaria) han dado como resultado un aumento de producción (que es directamente responsable por un aumento de población, ya que permite alimentar a una mayor cantidad de personas, que a su vez impulsarán la industria al trabajar en ella).
Una Revolución Demográfica, caracterizada por un aumento de la tasa de urbanización y un crecimiento continuo de la población, resultando en un incremento de la fuerza de trabajo, de la demanda comercial y de la emigración, a partir del descenso de la mortalidad; los avances médicos lograron una fuerte neutralización de las enfermedades infecciosas (pestes, cólera...), predominantes hacia 1850 y mucho antes; mejoras medioambientales que hemos mencionado al hablar de la Revolución Agraria, como la introducción del Sistema Norfolk, que permitió surtir de alimentos vegetales y animales a la población durante todo el año; mejoras sanitarias, de higiene y de cuidados médicos.
A partir de estas fechas y en adelante, este descenso de la mortalidad será lo que consiga un aumento de la población, aun cuando la tasa de natalidad no cambie. Es este también el motivo del incremento en la población; el propio sentido común nos dicta que, si la mortalidad decrece y la natalidad se mantiene a sus antiguos niveles (muy altos, por otro lado), habrá un gran aumento en la población. Esta tasa de natalidad se mantedrá en los niveles del anterior siglo por un tiempo, debido a un efecto de inercia en la mentalidad de la población de la época. La mortalidad infantil aún era significantemente alta, aunque no tanto como anteriormente, lo que mantenía a las familias teniendo descendencia a la misma tasa que antes; incluso cuando esta mortalidad infantil cayó, las familias siguieron de este mismo modo, por la inercia ya descrita.

Las consecuencias de este descenso en la mortalidad (y, más tarde, al adoptar una nueva mentalidad, también de la natalidad) son obvias: el aumento de la población. ¿Cuáles, entonces, son las consecuencias del aumento de población?

El crecimiento de población fue directamente responsable de un crecimiento parejo en la fuerza de trabajo: esta nueva población era urbana (vivía en las ciudades), y trabajaba en las fábricas. Esto impulsa, por su parte, el desarrollo de la propia Revolución Industrial, pero también un aumento de la demanda. Al haber más ciudadanos y más necesidades populares, es solamente lógico que se necesite más maquinaria para su alimento, vestido y todo tipo de necesidades; más producción de alimentos, más producción de bienes y, en conclusión, un impulso para la fuerza motriz de la industria. Este aumento de producción también permite a los adinerados hacer una mayor inversión en la industria, ya que acumulan capital.


ACTIVIDAD 2ª

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La ciudad de Sheffield en 1851


La ciudad de Sheffield, en Inglaterra, presentaba esta apariencia en el año 1851.
Podemos distinguir las partes modernizadas y antiguas de la ciudad de esta forma: hallamos las fábricas, fácilmente identificables por sus altas chimeneas (son, en su mayoría, metalúrgicas y siderúrgicas), en el segundo plano de la imagen. La mayoría de las casas que encontramos en primer plano son casas bajas, típicamente inglesas, campos y, manteniéndonos dentro de la ciudad (mitad izquierda de la imagen), es ésta la parte antigua. Se delimita hasta la vista de las primeras chimeneas, prácticamente alineadas entre sí a la misma altura; estas chimeneas, junto con la parte moderna, se extienden hasta los límites de la ciudad y más allá, en las colinas.
A la derecha, casi desde un primer plano, vemos carreteras siendo construidas, líneas de ferrocarril, grúas y, a lo lejos, barrios nuevos del proletariado.

En los años de la Revolución Industrial, Sheffield ha sufrido un crecimiento brusco y repentino, además de muy importante (más de la mitad de esta ciudad está involucrada en las actividades industriales); las fábricas dieron lugar a su desarrollo, así como al de las comunicaciones y transportes, y una nueva clase social que servirá para trabajar en éstas (el proletariado, en gran parte inmigrantes del campo que buscan mejor empleo en la ciudad).

Los barrios antiguos serán lo que hoy en día se encuentra en el centro de la ciudad, el denominado "casco antiguo", en torno al cual se fue construyendo la nueva ciudad en base a naves de fábricas, éstas mismas y, sobre todo, a los barrios de proletariado. El contraste con la ciudad nueva, como se aprecia en esta imagen, es sorprendente. Las casas construidas para el proletariado son bloques idénticos, cerca de las fábricas, que a medida que crezca como ciudad irá engullendo a estos barrios y a las propias fábricas.
Tenemos, por otro lado, otro tipo de fábricas que son más difíciles de encontrar a simple vista en una imagen como esta. Son las fábricas de la industria textil, que era más conveniente tener dentro de la ciudad que a sus afueras. Estas fábricas no son tan fáciles de hallar aquí: de hecho, no soy capaz de distinguir más fábricas que las típicas de la industria sidero-metalúrgica.

MAPAS


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Estos mapas de Gran Bretaña reflejan el crecimiento de las ciudades y del número de ciudades.

En la primera imagen, en 1801, apenas se hallan núcleos urbanos en Inglaterra; el mayor es Londres, con una población de 1.100.000 personas aproximadamente. Hay otros seis núcleos urbanos, cuya población está entre las 50.000 y las 99.000 personas. Así, antes del inicio de la Revolución Industrial, nos encontramos con una población que crece muy lentamente, debido a las enfermedades infecciosas, las hambrunas y, en general, las deficientes condiciones de vida.

Esto cambiará deprisa: en la imagen número dos, que representa Inglaterra medio siglo después, en 1851, podemos comprobar que Londres ha crecido hasta casi alcanzar los 3 millones de habitantes (es decir, ha más que doblado su población en cincuenta años); ha aparecido un gran número de pequeñas ciudades y muchas de los núcleos urbanos de la imagen anterior están también creciendo a un ritmo alarmantemente rápido. Podemos así ver el efecto que están teniendo los desarrollos científicos, tecnológicos, médicos y agrarios en la expansión de la población. Pero aún la Revolución Industrial no está más que empezando, a pesar de que estas ciudades estén creciendo gracias, también, al apoyo de la inmigración que procede del campo.

En la siguiente imagen, la tercera, entramos en el siglo XX con una diferencia de población asombrosa.
Londres cuenta ahora con 6 millones y medio de habitantes: de nuevo, más de el doble del número de medio siglo atrás. Hay muchas ciudades nuevas, concentrándose sobre todo en torno a la ciudad de Birmingham y a la ciudad de Manchester. Aquí ya tenemos la totalidad del impacto que provoca la Revolución Industrial manifestándose: las industrias empleando la fuerza de trabajo que resulta el proletariado, la inmigración, y los efectos de la reducción de la tasa de mortalidad.

La última imagen, la número cuatro y última, nos muestra la ralentización de este prodigioso crecimiento. Sigue creciendo, eso sí, mas no al ritmo que usaba. Ya hemos dejado atrás la Revolución Industrial, y comienza una nueva era. Al comparar este mapa con el anterior, es cierto, hay un notable aumento de población y de ciudades, pero para nada tan acusado como en los anteriores. Londres ya no dobla su población, y se comienza a estabilizar con 8.3 millones de personas. Los núcleos urbanos se centran en torno a las ciudades más grandes después de Londres, ocupando gran parte de las Midlands (Tierras Medias). Hay dos ciudades con una población igual, o superior, a la de Londres en el año 1801. La natalidad ha disminuido, como ya había hecho mucho tiempo antes la mortalidad, y se acusa tanto como el cambio de la imagen 2ª a la 3ª. En este caso, el cambio que se nota es la ausencia o, mejor dicho, la disminución del cambio. Pues de aquí en adelante es éste el camino que tomarán todas las naciones civilizadas, y por el que seguimos caminando hoy en día.



INFORME

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Este gráfico, que nos muestra la evolución de la población británica a lo largo de la Revolución Industrial, está compuesto de cinco períodos o fases. Nos indica las tasas de mortalidad (línea roja), de natalidad (línea azul) y el crecimiento de la población (línea verde). Primero analizaremos la información que nos proporciona el gráfico, para después pasar a comentarlo.

En la primera fase, también conocida como Fase Preindustrial, observamos que tanto la tasa de mortalidad como la de natalidad se encuentran muy altas, alrededor del 40 por ciento. El crecimiento de la población es muy bajo, de un 5 por ciento, aunque muestra una ligera tendencia a subir, ya que la tasa de natalidad está algo por encima de la de mortalidad.
En la segunda fase, que es en sí la primera fase de la Fase Transicional, vemos que la tasa de mortalidad acusa un descenso brusco y muy pronunciado, hasta el 20 por ciento. De igual modo, y respondiendo a este descenso de la mortalidad, el crecimiento de la población sube en una empinada pendiente, también hasta el 20 por ciento. Sin embargo, la tasa de natalidad se mantiene en el mismo nivel que en la Fase Preindustrial, que es lo que permite el aumento de la población.
En la tercera fase, o segunda fase de la Fase Transicional, podemos ver que la tasa de natalidad comienza ahora a caer. De cualquier forma, la tasa de mortalidad ha caído ya muy por debajo del crecimiento de población, situándose en un discreto 10 por ciento que mantendrá de ahora en adelante. El crecimiento de la población sigue aumentando rápidamente y llega hasta el 35 por ciento, puesto que la tasa de natalidad es ahora mucho mayor que la de mortalidad, alrededor de un 25 por ciento de media.
En la cuarta fase, o tercera (y última) fase de la Fase Transicional, nos damos cuenta de que los cambios empiezan a retornar una estabilidad al sistema. El crecimiento de población ha detenido sus energéticos avances al llegar al 40 por ciento; mientras que la tasa de mortalidad continúa en un 10 por ciento, la de natalidad ha descendido hasta hallarse no muy por encima de ésta, con apenas un cinco por ciento de ventaja, y desciende lentamente.
En la quinta y última fase, también llamada Fase Industrial, las tasas de natalidad y mortalidad empiezan a invertirse. Vemos, al final de este eje temporal, cómo la tasa de mortalidad supera a la de natalidad, provocando una ligera caída en el crecimiento de población.

Una vez hemos definido lo que este gráfico puede mostrarnos, debemos preguntarnos, ¿cuáles son las causas de este proceso? y, ¿cuáles serán sus consecuencias? Por supuesto, no serviría de nada simplemente preguntarnos esto sin responderlo, así que, veámoslo.

El primer evento al que necesitamos encontrar un porqué es el repentino descenso de la mortalidad.
Como ya hemos aclarado anteriormente, se debe, al menos en parte, a la Revolución Agraria. Los nuevos sistemas de cultivo, sobre todo el Sistema Norfolk, que permitía dar de comer a los animales y a los habitantes mientras se regeneraba el hidrógeno del suelo que los cereales habían agotado, hicieron posible que la población se alimentara mejor: no debían malgastar una tercera parte de sus tierras en barbecho, lo que les daba un beneficio mucho mayor. También los novedosos avances técnicos en lo que respecta a los aperos de labranza llevaron la prosperidad a las tierras, dejándoles penetrar más en los suelos, cultivar más deprisa y, en general, ser más eficientes en la agricultura; aparte de no dejar a la población completamente a merced de las inclemencias del tiempo, que antes dictaban hambrunas y malas cosechas, llevando la debilidad y la enfermedad al pueblo.
Por otro lado, los recientes avances médicos y científicos permitieron mejorar la higiene y las condiciones sanitarias en la ciudad, y evitar las pestes y las epidemias de enfermedades terriblemente mortíferas. No volvería a haber más ocasiones en las que, por culpa de unas ratas, se viera destruida la mitad de la población de un país entero.

Pero sólo con esto, no habríamos logrado nada. ¿Por qué la natalidad no descendió al mismo tiempo y ritmo que la mortalidad?
Bueno, en primer lugar, porque sus causas no eran las mismas. No dependía de las mejoras para su descenso; si acaso, para su ascenso. Que, por otra parte, era ya muy elevada: las familias estaban acostumbradas a tener unos diez hijos, de los que se considerarían muy afortunados si lograba sobrevivir la mitad, cosa que no ocurría a menudo. Además, los hijos servían de ayuda en las labores domésticas, y
Y estas mismas familias, cuando la mortalidad comenzó a descender, sabían que no iban a fiarse de una "buena época". Que, si cambiaban sus hábitos y no tenían diez hijos, sino seis, podían acabar sin ninguno vivo en cuanto cambiara el viento de dirección. Por supuesto, estamos hablando de gente que, en su mayoría, no era consciente plenamente de los cambios que estaban viviendo. Sólo después de un tiempo, después de la Fase de Transición, la inercia en la mentalidad de la gente se desvaneció, y dejaron de tener tantos hijos. Ya no necesitaban tener siete hijos para que dos les sobrevivieran. Ahora la mortalidad infantil también había descendido, y se sentían seguros; como consecuencia, la natalidad cayó. No en picado, como la mortalidad; más suavemente, pero también con rapidez.
Estos campesinos fueron los que, poco después, emigrarían a la ciudad, a buscar trabajo en las numerosas fábricas. No era necesario, una vez más, que los hijos fueran muchos para que ayudaran a cultivar el campo. Aun así, esta época de inercia fue lo que llevó a la cantidad de población a aumentar de manera tan vertiginosa. Sin la mentalidad de estas familias, tal vez habría caído la natalidad antes.

Bien, ¿y qué es lo que obtenemos de esto?
Un aumento de población. Así de simple. Un aumento de población que se trasladó a las ciudades, convirtiéndose en la fuerza de trabajo que impulsaría las fábricas; el proletariado, los inmigrantes del campo, los hijos de campesinos con mentalidades anticuadas.
Y estos millones de personas necesitaban... ¿qué necesitaban? De todo. Necesitaban bienes: comida, vestimenta, alojamiento, utensilios. Necesitaban servicios: gente que se ocupara de los barrios en los que vivían, autoridades, transporte, el propio trabajo...
Es decir: aumentó la demanda. Y tuvo que seguirla la oferta. Tuvieron que crearse nuevas fábricas para seguir el ciclo de puestos de trabajo a por los que vienen los inmigrantes; más alimentos, que ya estaban consiguiendo en el campo mediante los nuevos sistemas de labranza; fábricas, no sólo para ofrecer trabajo al proletariado, sino para poder vender sus productos al proletariado: fábricas textiles, para su ropa, por ejemplo.

En suma, el aumento de población campesina desea la oferta de la ciudad. Emigra a la ciudad, produce un aumento de la demanda por el simple hecho de estar allí, que debe ser contrarrestado por una nueva oferta. Y, cuanta más oferta, más vendrán para trabajar, crear más demanda que creará, a su vez, una oferta para los siguientes...
Ciclo que se acabará agotando; al menos, está ralentizado, tanto por las propias tasas de natalidad y mortalidad (que no permiten a la población crecer lo suficiente para que continúe), como por la cantidad limitada de población. Si termina por no quedar nadie en el campo, no será posible alimentar a la población. Pero esto tiene ya poco que ver con la población inglesa durante los siglos XVIII y XIX, y más con lo que ocurre hoy en día.